Lo
hago por amor…
Alicia
era mi novia, la más dulce chica que pueda existir. No era como cualquier otra;
su presencia atrapaba a más de uno. Teníamos tiempo juntos, casi dos años a su
lado. Pasábamos el rato acudiendo a lugares entretenidos: museos, cines,
zoológicos, teatros, todo era normal en nuestra vida.
Estudiábamos
en el mismo campus, por lo que sobra decir que la veía todos los días, incluso
teníamos clases de medicina juntos. Con dos años por cumplir, era más que bien
recibido en su casa por su familia; había días en que por la universidad me iba
a su casa a dormir y me sentía como en la mía.
Como
podrás darte cuenta, todo era normal. Pero hay algo que puede hacerte perder la
razón, algo que toda persona en determinado momento necesita, y que si no lo
obtienes cuando quieres, causa serios problemas. Me refiero al sexo.
Nunca lo
había hecho con mi novia, pues ella aún era virgen y según lo platicamos,
quería llegar así al matrimonio. Pero seamos sinceros, esa forma de pensar era
egoísta; ¿que había sobre mí? Yo también tenía necesidades, quería expresar el
mayor sentimiento de amor entre una pareja, pero ella no lo veía así. Vaya
decepción.
No podía
dejar de pensar en mis amigos y lo felices que eran, pues ellos tenían una vida
sexual activa, mientras que yo tenía que recurrir a la autosatisfacción, era el
colmo. Ya bastante tenía escuchándolos platicar: “Ayer Vane y yo hicimos esto…
bla bla bla”. “Cielos, se escucha excitante; le diré a Julia, estoy seguro de
que aceptará hacer eso… y bla bla bla”.
Los
envidiaba mucho. Cada día un sentimiento se desataba dentro de mí, eran unas
ganas inmensas de poseer a Alicia, de hacerla mía y desquitar la furia que
crecía en mí por no poder llevarla a la cama.
Entonces
comencé a idear un plan, si ella no quería entregarme su virginidad, tendría
que quitársela a costa de lo que fuera. Estaba desquiciado por hacerla mía, y
mi desenfreno no lo podía controlar, ya no pensaba con razón y sólo tenía una
idea en la mente: violar a mi novia.
Dentro de
mi incontrolable deseo de satisfacer mi más bajo instinto, pensé con claridad
lo que sucedería después; era obvio que me denunciaría, pues novio o no, la
habría mancillado. No podía dejar que eso pasara, no cuando uno tiene una vida
por delante, un futuro prometedor. Mi vida no podía terminar tras una prisión,
y aunque evadiera la justicia, habría una mancha en mi historial, poniendo en
riesgo mi carrera. Así que debía deshacerme de ella después de someterla a mí.
La extrañaría, pero bueno, fue su culpa por no darme lo que ansiaba de ella
desde hace tiempo.
Fue algo
simple, no necesité de mucho más que de una cuerda y una mente torcida que
clamaba por sentir toda esa euforia durante el sexo. Como cada viernes mi casa
estaría sola, debido a que mi padre, un médico respetable y con un poco de
renombre, trabajaba por las noches. La invité a quedarse en mi casa, no era
nada extraño que se quedara conmigo dichos días.
Llegamos
poco después de las 10 p.m. Estábamos cansados, había sido un día agotador. No
podía dejar de pensar en que por fin sería mía, y eso me devolvía el ánimo y
las fuerzas.
Se
recostó en mi cama y yo tras de ella. Siendo cualquier otro día, le daría un
beso de despedida y me iría a otra habitación; pero éste sería diferente. La
abracé y besé su cuello, estaba cansada pero reaccionó a mi gesto y me dio un
beso. Tocaba su cuerpo con desesperación, lo cual notó y pidió que fuera más
lento.
Para ese
entonces mi mente se había ido, y dentro de la poca cordura que tenía comencé a
desarrollar mi plan.
—Juguemos
un poco —le dije.
—¿A qué
quieres jugar? —me contestó.
—Yo te
ataré con esta cuerda y fingiré que te secuestro —mencioné con un gesto de
juego.
—Sí, está
bien —devolvió ella.
Todo iba
perfectamente, le amarré las manos por detrás y los pies, y cubrí sus ojos y
también su boca con un pañuelo. Besé su mejilla, y le dije:
—Basta
del juego.
Se rió.
Le quité el pañuelo de los ojos y desamarré sus pies, ya que para lo que seguía
necesitaba que sus piernas pudiesen abrirse. Me lancé sobre ella y comencé a
besarla con locura, sin miramientos, la tocaba y la mordía por todos lados, su
mirada era de confusión. Me despojé de mis ropas y quedó a la vista mi gran
erección. Sonreí maliciosamente, y le dije:
—Lo hago
por amor…
Se soltó
a llorar, pero eso no me importaba, nadie la escucharía. Me le abalancé encima
y le quité su blusa; de verdad que lo disfrutaba, cada momento, cada instante
era demasiado bueno como para ser cierto. Mordí sus senos con tal fuerza que
los hice sangrar, la besaba en el cuello y mis palmas recorrían su cuerpo con
furia. Le rompí el pantalón, me sentía una bestia. A pesar de ser mi novia,
tuve que golpearla en la cara, ya que sus gritos, no audibles para los demás,
eran incómodos para mí. Cuando le arranqué el pantalón metí mi cabeza entre sus
piernas, su olor, era un olor exquisito: olor a pureza y virginidad.
No pude
esperar más, quité su panty y de un sólo golpe la penetré. Ella soltó un grito
ahogado. Yo, por mi parte, estaba extasiado, sentir mi pene dentro de ella era
magnífico; saber que fui el primero en estar dentro de ella, de hacerla mujer
alzó mi ego, y durante un momento estuve sólo sintiendo toda su virginidad
desvanecerse. La tomé por los senos y la embestí con furia, cada vez más rápido
y cada vez más eufórico.
Después
de un rato eyaculé dentro de ella, terminando así mi cometido. Pero era sólo
una parte. Me levanté, le di un beso y me metí a bañar. Sabía que no iría a
ningún lado, estaba muy débil y en estado de shock.
Salí de
la regadera, me vestí y me dirigí al garaje por un serrucho. Me pasaría la
noche cortando el cuerpo de mi novia, pero ¿qué más podía hacer? Tenía que ser
precavido y cauteloso. Regresé a la habitación, ella seguía ahí, llorando con
mucha pena. Al verme entrar con el serrucho en la mano su mirada cambió, era
una mirada de pánico y temor. Le dije una vez más:
—Lo hago
por amor…
Se soltó
a llorar nuevamente haciendo movimientos de que no lo hiciera, pues sabía lo
que seguía para ella. Se veía tan tierna suplicando por su vida. La arrastré
hacia el baño y ahí le di el último beso con vida; después le corté la cabeza.
En clase de medicina usamos material especializado para hacer amputaciones, de
haber sabido que con el serrucho sería un salpicadero de sangre no me hubiera
puesto mis mejores jeans.
Tras dos
horas cortando el cuerpo, limpié todo y drené las partes en la tina del baño de
mi papá. Metí todo en una bolsa negra, salvo una parte de ella. Salí en mi
carro con mi novia en la cejuela y me dispuse a ir hacia el canal de desagüe de
la ciudad, lugar en donde arrojé la bolsa. A lo lejos vi cómo se perdía y le
mandé un beso antes de que desapareciera.
Como era
de esperarse, días después, su familia me llamó para preguntar en dónde estaba
ella, a lo cual preocupadamente dije que no sabía, y salí a buscarla acompañado
de sus padres. La policía comenzó la búsqueda, y yo no podía hacer más que
mostrarme deshecho ante la situación. Tras un mes, encontraron la bolsa con los
restos de mi novia. Su familia estaba devastada, triste y confundida, ¿cómo
alguien podía hacer semejante barbaridad a tan dulce chica? Debido a que no
tuve problemas con mi novia y que era visto como una persona de bien, no fui
sospechoso en la investigación. Me aseguré de no dejar ningún rastro que me
involucrara.
Salvo
cierta parte que se encuentra escondida, bastante bien escondida en mi alcoba.
Si algún
día tengo que “desahogarme” ya no recurro a la autosatisfacción, sólo saco la
vagina de mi novia, y me dispongo a disfrutar.
Las
personas normales lo llamarían locura, yo le llamo satisfacción, ¿y saben?,
todo lo hago por amor.
que sinico y me encanta!!! =^-^=
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